Rosie miró a Maximus y sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. Pudo ver claramente el dolor en la mirada de su esposo. Observó cómo él bajó la vista al suelo y luego asintió.
—Deberían entrar, háganlo sin problemas —dijo Héctor—. Ella los necesita, Maximus, por favor —le susurró—. Entra sereno, es la mujer que te crió —agregó como consejo.
Rosie procedió a decirle:
—No perdamos más tiempo.
Sus palabras hicieron que Livingston alzara la mirada y la mirara. Rosie pudo notar cuánto aprecia