Rosie no le suelta la mano y, aunque Maximus siente un fuego arder en su pecho, le permite ese acercamiento todo por la paz de su abuela.
—Mírenlos, qué lindos se ven —agrega la abuela mirándolos con ternura.
—Abuela… ¿qué ha pasado? —pregunta Maximus.
La señora Livingston deja de sonreír al recordar la causa que la tiene en la camilla, conectada a tantos cables.
—No te esfuerces. Primero tu salud. Lo importante es que estás bien —Rosie le sonríe con gentileza.
—No estoy bien —la abuela traga s