Está la esposa, el esposo… y la otra.
El silencio se instaló en la oficina poniendo el ambiente mas tenso.
Maximus apretaba la mandíbula con tanta fuerza que los músculos de su cuello se marcaban. No eran celos, se repetía. Era simple sentido común: Jack era competencia directa en el mundo de la moda, y ver a Rosie hablando con él en la entrada no le gustaba. Punto. Pero la mirada de ella, confusa, herida, clavada en Aria sentada sobre su regazo, lo obligó a tragarse las palabras.
Rosie, por su parte, vio la sonrisa torcida y triu