—¡Debo ir a la empresa!
—Vaya, señora. Espero que el señor Livingston la escuche.
—Haré lo posible para que así sea, Mariano. Por cierto… —respira profundo— mi hermana vendrá. Por favor, organiza una habitación para ella.
—Sí, señora —caminan hacia la sala.
—Quiero que la hagas sentir bien, pero… te pido un gran favor.
—Lo que usted desee.
—No le quites los ojos de encima y por nada del mundo la dejes entrar al despacho. Por favor.
—¿Pasa algo con su hermana?
—¿¡Cómo que no puedo entrar!? ¡No e