Lo apuestas todo por amor, o continúas siendo la falsa esposa.
Tocan la puerta y Maximus vuelve a tomar asiento, abre su laptop ignorando la pregunta sulfurante de Aria.
—¡Adelante! —ordena.
—Estamos hablando, Maximus —protesta ella.
—Esta conversación ha terminado. Debo trabajar.
—Jefe, disculpe la interrupción. Tiene una llamada importante que debe atender usted mismo, señor.
—Pásala, por favor, y que nadie más me interrumpa. Aria, ya puedes irte.
Aria lo mira con desdén y luego mira a Héctor. Se siente humillada, se siente ya no importante en la vida de