Emily, Ximena y Angelo
A la mañana siguiente, los dos cuerpos sedientos de agua, pero saciados de placer, se levantaron a bañarse, vestirse y a desayunar. Todo fluía tan bien que se podía oler la fragancia primaveral; es como si hubiera salido el arcoíris después de la tormenta que nos entretiene con sus colores haciéndonos olvidar la tempestad; como un niño pequeño que después de hacer pilatunas nos embelesa con su carita tierna.
—Amor, por favor, no volvamos a pelear, prométemelo—, dice Ángel