XIMENA
Por unos momentos me siento en el cielo, solo que me acuerdo de que él estaba con esa rubia. Eso me da la fuerza para quitármelo y entregárselo, diciéndole: —No gracias, señor, mejor déselo a su amiguita, la accionista de agua oxigenada.
—¿Qué has considerado? Ya transcurrió el mes que te di para pensarlo—, él me lo dice suponiéndose tan importante y viéndose tan imponente.
—No tengo que considerar nada, soy una mujer casada y ya me voy de este lugar; me parece que bebí demasiado.
—No, l