XIMENA
Estábamos en el piso, queriendo que me llenara y no solo de besos, estaba dispuesta, quería ser suya, quería que entrara en mi ser y entré. Pero inoportunamente mi amiguita Mia, que intentando no interrumpir, se quedó parada en la puerta, creyéndose invisible, dándole vuelo a sus pasiones voyeristas y a Ángelo parecía no importarle, pero a mí sí, claro, yo no era capaz de estar con un hombre a solas y menos ahora con un tercero observándonos. Lo apartó; aunque se resistió, parecía un beb