XIMENA
A salvo en el yate, dejando en el recuerdo una mala aventura por culpa de las misteriosas corrientes marinas, después de ser consolada por mi amiga Mia, quien me limpió las heridas. Decidí ir a bañarme, para quitarme el sudor de miedo y tratar de enjuagar esos recuerdos amargos de la tragedia, mezclados con los de los dulces besos que elevaban mi deseo.
No entiendo por qué los humanos tuvieron que complicarlo todo, porque no podemos sucumbir a nuestras pasiones sin tener miedo al qué dir