Habían pasado dos días desde la recaída de James.
Isabelle seguía sin poder verlo.
Las reglas del hospital eran estrictas, y su nombre no figuraba en la lista de familiares directos.
Aun así, no se había alejado.
Cada mañana se turnaba con Celeste para cuidar de Noah, que seguía en observación, recuperando fuerzas lentamente.
Ese mediodía, ambas estaban sentadas en el comedor del hospital privado.
La luz entraba por los ventanales con una calma engañosa.
El café estaba tibio