El jardín detrás del salón estaba casi vacío. Las luces de los faroles temblaban con la brisa nocturna y el sonido lejano de música se escuchaba como si viniera de otro mundo. Isabelle seguía ahí, aún con la mirada perdida entre las sombras, junto a Marina, quien se mantenía a su lado en silencio.
—¿Quieres estar un momento sola? —preguntó ella con suavidad.
Isabelle asintió. Marina le acarició la espalda y se alejó sin preguntar más.
Minutos después, James apareció al borde del jardín. N