El cielo se extendía como una lámina inmensa y azul frente al fuselaje impecable del Lumen. Dentro del jet, el silencio entre Isabelle y Noah se había mantenido elegante, como si ambos hubieran hecho un pacto implícito de no invadir lo que quedaba del otro.
Noah se levantó de su asiento y se acercó con una copa en mano. Se apoyó con calma frente a ella, sin imponerse.
—Hay algo que quizá deberías saber antes de que aterricemos —dijo.
Isabelle lo miró con cierta cautela, la manta aún sobre