La mañana del tercer día después de la despedida de solteros amaneció tranquila en Belvedere Hill. El cielo estaba despejado, y la mansión se llenaba de luz suave que se colaba por los ventanales. Isabelle, ya vestida con un conjunto sobrio y elegante, entró a la sala donde James revisaba algunos documentos.
—Tengo que ir a Francia —dijo, sin rodeos.
James levantó la vista, atento.
—¿Por Hartley?
—Sí. Hay asuntos que debo resolver personalmente. Además, quiero comentarles que Janix va a col