El yate se alejaba con velocidad, convirtiéndose en una sombra diminuta entre las olas. El rugido de sus motores se perdía en la noche, dejando atrás solo oscuridad y agua helada.
Noah ya estaba en el mar. El impacto lo había aturdido, pero no lo había vencido. Con la navaja aún oculta entre sus dedos, comenzó a cortar las cuerdas que ataban sus muñecas, moviéndose con precisión, sin perder tiempo. El agua le mordía la piel, pero su mente solo pensaba en una cosa: Isabelle.
Giró en el agua,