El rincón del jardín estaba más oscuro de lo habitual. Las luces del salón apenas alcanzaban a iluminar los bordes del seto, y el suelo, húmedo y mal nivelado, parecía hundirse con cada paso.
Miranda, desde una distancia segura, observaba a través de una cámara conectada a su teléfono. El plan era simple: atraer a Leah y Alex con las luces tenues, hacerlos caminar sobre el terreno inestable y provocar una caída que los dejara vulnerables. Luego, sus hombres los tomarían y desaparecerían antes