James cruzó el portón de la mansión de Vivianne con paso firme, aunque el peso del día aún se notaba en sus hombros. Desde el comedor del jardín, las voces se mezclaban con el aroma de la cena. Leah lo vio primero.
—¡Papá! —gritó, levantando la mano.
Alex se unió enseguida.
—¡James!
James sonrió, alzando la mano en respuesta.
—¡Hola, terremotos!
Isabelle fue la primera en notar el golpe. Se levantó con suavidad, caminando hacia él con el ceño fruncido. Al llegar, levantó la mano y l