Mientras Isabelle se daba un baño en la habitación del fondo, Lucie y Camille se encargaban de llevar a Alex y Leah a sus habitaciones. La casa estaba tranquila, envuelta en esa calma que llega justo antes de que todos se duerman.
Leah caminaba descalza por el pasillo, con su pijama de estrellas y el cabello aún húmedo por la ducha. Alex iba detrás, arrastrando los pies con dramatismo.
—Ayer fue un día raro —dijo Leah, mientras Lucie le ayudaba a subir a la cama—. Cuándo en York conocí a un