El café de la esquina estaba tranquilo esa mañana. Las chicas llegaron puntuales, escoltadas por los dos hombres que Jonathan había asignado. Se sentaron en su mesa habitual, fingiendo normalidad, aunque sabían que cada gesto era observado.
Los guardaespaldas se ubicaron en una mesa cercana, atentos, sin hablar entre ellos. Camille pidió café para todas, Isabelle hojeaba una revista sin leerla realmente, y Lucie dibujaba con el dedo sobre la condensación del vaso.
A las 10:07, Adrien aparec