Lucie empujó suavemente la puerta de la habitación de Isabelle. La encontró sentada en el borde de la cama, con los hombros caídos. Camille estaba junto a ella, hojeando una revista sin mucha atención.
—¿Puedo pasar? —preguntó Lucie, ya entrando.
Isabelle levantó la vista, forzando una sonrisa.
—Claro.
Lucie se cruzó de brazos, sin rodeos.
—¿Qué está pasando, Isa?
—Nada —respondió Isabelle, bajando la mirada.
Lucie se acercó, sin sentarse.
—No me mientas. Te conozco. Si no estuv