James llegó temprano de la oficina. El sonido de la ducha se mezclaba con el eco lejano de la música que Isabelle había dejado encendida en el salón. Cuando él salió del baño, el vapor aún flotaba en el aire. Llevaba una chaqueta de piel negra, una camiseta ajustada que insinuaba más de lo que mostraba, jeans oscuros y botines que resonaban con cada paso. Su cabello, aún húmedo, caía rebelde sobre su frente. No era el James del traje. Era el James que no pedía permiso.
Isabelle lo encontró en