El comedor de la mansión estaba lleno, pero el ambiente era tranquilo. El aroma a café recién hecho y pan tostado flotaba en el aire. Isabelle bebía a sorbos su té, escuchando a medias la conversación ligera entre Camille y Miranda. Noah, sentado a su lado, hojeaba el periódico con aire distraído.
Estaban ya terminando el desayuno cuando las puertas se abrieron y James apareció.
Recién duchado, el cabello alborotado y aún húmedo, como si se hubiera pasado la toalla deprisa y lo dejara secar