El vapor aún se aferraba a su piel cuando Isabelle salió de la habitación. Llevaba el cabello húmedo cayendo sobre sus hombros y una bata ligera que se ajustaba a la cintura. El pasillo estaba en silencio, iluminado por la luz cálida de las lámparas. Caminó con paso decidido, como si temiera que cualquier titubeo le hiciera cambiar de idea.
Frente a la puerta de Camille, golpeó dos veces antes de entrar. La encontró sentada en la cama, revisando algo en su teléfono.
—Necesito contarte algo —dijo Isabelle, cerrando la puerta y girando la llave.
Camille levantó la vista, captando la seriedad en su voz.
—¿Pasó algo? —preguntó, dejando el teléfono a un lado.
Isabelle avanzó hasta el centro de la habitación y se cruzó de brazos, respirando hondo.
—En el ascensor… pasó algo con James. Y luego… en el auto.
Camille arqueó una ceja, interesada.
—¿"Pasó algo" como en… una discusión? ¿O como en… lo que creo que quieres decirme?
Isabelle la miró, sin responder de inmediato.
—M