El vapor aún se aferraba a su piel cuando Isabelle salió de la habitación. Llevaba el cabello húmedo cayendo sobre sus hombros y una bata ligera que se ajustaba a la cintura. El pasillo estaba en silencio, iluminado por la luz cálida de las lámparas. Caminó con paso decidido, como si temiera que cualquier titubeo le hiciera cambiar de idea.
Frente a la puerta de Camille, golpeó dos veces antes de entrar. La encontró sentada en la cama, revisando algo en su teléfono.
—Necesito contarte algo