James se inclinó levemente hacia ella.
—Sigues temblando —susurró, con esa voz grave que parecía rozarle la piel.
Isabelle mantuvo la mirada en la ventana.
—James, por si no te has dado cuenta, no estamos solos en el auto.
James esbozó una media sonrisa, inclinándose aún más, hasta que su aliento le rozó la oreja.
—Es mi chofer… no dirá nada.
Un escalofrío recorrió la espalda de Isabelle. Sintió la calidez de su voz vibrando demasiado cerca, y antes de que pudiera apartarse, giró el