El evento había terminado, pero la tensión no se disipó con los aplausos ni con las sonrisas de cortesía. Los invitados se marchaban poco a poco, dejando tras de sí el eco de las conversaciones y el tintinear de copas vacías.
En uno de los pasillos laterales del salón, James se detuvo junto a una mesa, sirviéndose un whisky. Noah lo alcanzó, la chaqueta aún perfectamente abotonada, pero con la mirada ardiendo.
—Bonito número el del collar —dijo Noah, sin disimular el veneno en su voz.
—Bo