La luz gris de la mañana entraba por la ventana de la habitación. Isabelle estaba sentada en el borde de la cama, vestida ya con su ropa, mientras una enfermera retiraba el último vendaje superficial. Camille, con un pequeño parche en la frente, recogía sus cosas.
—No hay lesiones internas, pero reposo al menos dos días —indicó el médico antes de marcharse.
Noah, de pie junto a la puerta, asintió.
—Las llevo de vuelta a la mansión.
Isabelle echó una mirada hacia su teléfono sobre la mes