Zeynep permaneció un largo rato en su habitación, intentando calmar su respiración después del enfrentamiento con Kerim. Aún sentía ese nudo en el pecho que la sofocaba, esa mezcla de tristeza, impotencia y cansancio que la acompañaba desde hacía mucho más tiempo del que estaba dispuesta a admitir. Evan, ajeno a todo, dormía plácidamente en sus brazos, y aquella pequeña paz que su hijo le regalaba era lo único que mantenía su corazón latiendo con algo de firmeza.
Finalmente, se obligó a moverse