“¿De verdad soy la peor madre del mundo?”, pensó Azra, mientras el viento helado le golpeaba el rostro y las lágrimas se mezclaban con la llovizna. Se abrazó a sí misma, temblando. “¿No merezco siquiera una oportunidad para enmendar mis errores?”, se dijo en voz baja, sintiendo cómo la desesperación se le clavaba en el pecho como una espina.
Detrás de ella, se escucharon pasos apresurados. Sen, su amiga, la había seguido a escondidas por miedo a lo que pudiera pasar entre ella y Kerim. Cuando l