El trayecto hacia el Club de Tenis "Bósforo" fue un estudio de contrastes dentro del habitáculo del lujoso sedán negro. Azra no podía dejar de sonreír; era una expresión febril, casi hipnótica, mientras observaba el paisaje urbano desfilar tras el cristal tintado. A su lado, Leyla le sostenía la mano con una presión firme, gélida, como quien sujeta las riendas de un animal que está a punto de desbocarse.
—Hoy veré a mi hijo —susurró Azra, más para sí misma que para su hermana.
—Así es, hermana