La atmósfera en la habitación principal de la mansión Seller había cambiado por completo. Ya no era una celda de lujo para Zeynep, sino un santuario. La alfombra persa era ahora el escenario de juegos improvisados donde el pequeño Evan gateaba, ajeno a las tormentas que sus padres acababan de atravesar. Kerim observaba la escena desde el borde de la cama, con una expresión de paz que suavizaba sus facciones habitualmente severas.
—¿Qué te parece si salimos a cenar esta noche? —sugirió Kerim, ro