El sol de Estambul comenzaba a retirarse, tiñendo las cúpulas de la ciudad con un naranja encendido que se filtraba con suavidad a través de los amplios ventanales de la mansión Seller. En el interior, el tiempo parecía correr a una velocidad distinta, una más lenta y pesada. Zeynep estaba sentada en el diván de la sala principal, con el pequeño Evan acurrucado contra su pecho. El murmullo de la respiración del bebé era el único sonido que rompía la quietud del salón.
Zeynep giró levemente la m