Desde el ventanal de la planta alta, Zeynep observaba cómo el elegante deportivo de Ariel devoraba el camino de grava hacia la salida de la mansión. El sol de la mañana, que hacía apenas unos minutos iluminaba un tierno beso de tregua con Kerim, ahora parecía palidecer ante la sombra que Ariel dejaba a su paso. Zeynep cruzó los brazos sobre el pecho, sintiendo un escalofrío que nada tenía que ver con el clima.
—Bien, querida... ve —susurró Zeynep para sí misma, con la mirada fija en el polvo qu