La noche se negaba a soltar la mansión Seller, pero el silencio que siguió a la tormenta de gritos era casi más ensordecedor que la propia discusión. Kerim bajó las escaleras con paso lento, su mente todavía procesando el eco de las palabras de Zeynep sobre Alemania y el peso de una confianza que se desmoronaba entre sus dedos. Al llegar al descanso de la gran escalinata de mármol, se detuvo en seco.
La luz tenue de la sala iluminaba una escena que le oprimió el corazón. Allí, en el sofá princi