El estruendo de la puerta principal al abrirse sacudió los cimientos de la mansión. Baruk Seller no entró, invadió el vestíbulo con una energía oscura que hizo que el personal de servicio bajara la mirada de inmediato. Sus pasos, pesados y rítmicos, resonaron en el mármol como una sentencia.
—¡Selim! ¡Selim! —rugió Baruk, su voz cargada de una vibración metálica que denotaba una furia contenida—. ¡¿Dónde estás?!
Selim, que se encontraba en la cocina supervisando los últimos detalles de la cena,