Al día siguiente, Kerim se levantó temprano. Se pasó una mano por el rostro, todavía cansado, y al mirar a su alrededor notó el desastre que había dejado la noche anterior: botellas, ropa en el suelo, objetos tirados por todas partes. Suspiró con fastidio y decidió subir las escaleras.
Al llegar a la habitación, empujó suavemente la puerta y vio a Zeynep dormida. Su respiración era tranquila, pero en su rostro aún había rastros de las lágrimas derramadas. Kerim la observó en silencio por unos s