Kerim la miró fijamente. Le tomó la mejilla con una ternura que la desarmó por un instante. Acarició su piel con el pulgar y, con una sonrisa que intentaba ser encantadora pero que ocultaba un miedo profundo, soltó una pregunta que la dejó atónita:
—¿Te casarías nuevamente conmigo?
Zeynep abrió los ojos de par en par; su rostro era un poema de asombro. Kerim soltó una risa nerviosa.
—Sé que suena ridículo. Sé que suena ilógico dadas las circunstancias. Pero si lo piensas, no es tan descabellado. Podríamos ir despacio... conocernos de verdad. Salir a cenar, ir a fiestas juntos, llevarte al cine... empezar desde cero, pero de verdad.
Zeynep soltó una carcajada sarcástica, cargada de dolor.
—¿Me estás pidiendo una cita? Después de todo este desastre, ¿quieres que vayamos al cine? Kerim, ¿qué es lo que realmente quieres? Porque no te entiendo nada.
—Quiero llamar tu atención —dijo él con una sinceridad inusual—. Quiero que me des una oportunidad. Sé que empezamos del modo incorrecto; fue