Kerim la miró fijamente. Le tomó la mejilla con una ternura que la desarmó por un instante. Acarició su piel con el pulgar y, con una sonrisa que intentaba ser encantadora pero que ocultaba un miedo profundo, soltó una pregunta que la dejó atónita:
—¿Te casarías nuevamente conmigo?
Zeynep abrió los ojos de par en par; su rostro era un poema de asombro. Kerim soltó una risa nerviosa.
—Sé que suena ridículo. Sé que suena ilógico dadas las circunstancias. Pero si lo piensas, no es tan descabellado