Después de anunciarle a su comitiva su decisión de mantenerme con él, el día de la boda llegó demasiado rápido.
Me desperté en una habitación llena de estilistas y maquilladores. Con la boca seca miré mi ostentoso vestido de novia con un nudo grande en la boca del estómago. Era como si estuviera viendo directamente la caja donde me enterrarían. El pánico me lleno de pies a cabeza mientras lo recorría lentamente con la mirada y me preguntaba en qué momento todo se había escapado de mis manos.