4

PAOLA

Dormí poco, me era imposible dejarme ir cuando estaba en un calabozo.Esperaba de un momento a otro la guillotina.

O tal vez no dormí en absoluto, vi ingresar la luz del amanecer entre las cortinas de seda de mi prisión. La caja de cristal perfecta.

La habitación era enorme. Una cama demasiado grande para una sola persona, sábanas de seda, ventanales que daban a un jardín oscuro iluminado por luces suaves. Estatuas por doquier. El lugar era muy similar a un museo antiguo.

Era una habitación digna de una reina, para cualquier mujer hubiese sido un sueño despertar allí. Pero para mí, dadas las circunstancias, era el recordatorio de que estaba en el infierno.

Se sentía como una jaula de castigo, con las trampas lujosas adecuadas.

Pasé gran parte de la noche mirando el techo, intentando entender cómo mi vida había llegado a este punto. Cuál había sido mi responsabilidad en todo. Me hundí en la posibilidad de que las cosas pasan aleatoriamente, sin ningún tipo de coincidencia; podría estar allí por una falla misma del sistema cósmico.

Horas antes estaba discutiendo con mi novio en una fiesta... Ahora estaba a merced de un mafioso guapo que vivía de asesinar gente. Qué mala suerte la mía. Reí de que me quedaba la capacidad para hacer bromas conmigo misma, era mi mejor amiga.

Ahora estaba viviendo en la mansión de un mafioso, lo dije tal cual lo pensaba en mi mente.

El pensamiento todavía me parecía absurdo, incluso gracioso si alguien me lo hubiese contado.

Me levanté de la cama cuando la luz del amanecer comenzó a filtrarse por las cortinas, y ya era molesto.

Necesitaba salir de esa habitación.

Necesitaba respirar, mi cuerpo lo gritaba prácticamente.

Abrí la puerta con cuidado, no tenía a nadie vigilándome. Eso me sorprendió.

—Cámaras...—susurré buscando en las esquinas por su ubicación estratégica.No vi ninguna, debían ser microscópicas, pensé.

El pasillo estaba silencioso,nadie me detuvo y seguí avanzando.

Eso me sorprendió aún más, permitir mi avance sin supervisión. Más sospechas me generaba.

Caminé lentamente, observando el lugar. La casa parecía todavía más impresionante con la luz de la mañana. Obras de arte en las paredes, alfombras gruesas, muebles que claramente valían más que todo mi departamento. La ostentación era la característica principal de estos sujetos, eran de manual, aparentar o morir en el intento.

Seguí caminando hasta que encontré una puerta abierta.

Una biblioteca, tal vez ese sí era el destino, mostrándome cierta familiaridad o complicidad conmigo.

Mi corazón dio un pequeño salto, los mafiosos leían y, aun así, eran mafiosos. ¿Qué leía un mafioso?¿lo que leían tenía que ver con su personalidad?

Los libros siempre habían sido mi refugio, un lugar donde la realidad se torcía y podía ser una princesa, alguien amada, alguien que era disputada por su belleza o simplemente por designios del destino.

Entré, ignorando todas las advertencias de mi cerebro.

Las estanterías cubrían todas las paredes, llenas de volúmenes perfectamente ordenados. Me acerqué a una de ellas casi sin pensar.

Pasé los dedos por los lomos. Todo parecía bastante nuevo, cuidado. Un verdadero tesoro.

Historia.

Economía.

Arte.

Novela.

Tomé uno al azar. Dejándome llevar por un destino que para mi mente ya no existía.

Y me congelé, no sé cómo se habrá visto mi rostro en ese preciso momento.El sentimiento era indescriptible.

El título era demasiado familiar, mis dedos recorrían las páginas como si la letra me hablara en un código que compartíamos.

 No podía creerlo, tardé en darme cuenta, y caer.

Ese libro…

Lo había escrito yo. ¡SÍ!

Mi seudónimo estaba en la portada.

Venus Nocturna.

Tragué saliva... Era yo. ¿Qué hacía un libro así... allí?

De todos los libros que podía haber tomado…

Ese tenía que ser uno de los míos. Maldito destino empecinado en demostrarme que no había coincidencias.

—¿Te gusta ese...? Gustos interesantes...

La voz detrás de mí hizo que el libro casi se me cayera de las manos. Lo sujeté como pude, no queriendo dejarme en vergüenza.

Me giré, rogando que no supiera o que no me delatara a mí misma con mi leve temblor nervioso.

Lorenzo De Luca estaba apoyado contra el marco de la puerta.Con una camisa blanca desabrochada y un pantalón de vestir, y con ese semblante que volvería loca a todas, seguramente.

Observándome....a mí.

No sabía cuánto tiempo llevaba allí.

—No sabía que estabas despierta —continuó.—Me alegra que te sientas como en tu casa.

Llevaba una camisa blanca arremangada hasta los codos. Sin saco. Sin corbata. Su apariencia era más relajada que la noche anterior. Era el hombre más atractivo que había conocido en toda mi vida, pero de nuevo, no había conocido a tantos hombre la verdad, Santiago era mi primer pareja y única , aunque me apenaba decirlo.

Y seguramente por eso… seguía siendo una situación intimidante para mi.

Demasiado.

—No podía dormir —dije.—Mejor levantarse, ¿no?

Sus ojos se movieron hacia el libro que sostenía.

—Buena elección..

Mi corazón golpeó con fuerza...sacudiendo mi organismo como dando una alerta generalizada.

—¿Lo leíste? … No creo… esta clase de libro… tan romántico o… intenso

Lorenzo caminó hacia mí lentamente, observando mi postura.

Cada paso suyo parecía calculado.

—Varias veces... de hecho.

—¿Varias veces? —susurré....POR DIOS, QUÉ VERGÜENZA, pensé.

Eso no ayudó a calmar mis nervios para nada.

—No pareces el tipo de hombre que lee novelas románticas... de este estilo.

Una sonrisa leve apareció en su rostro.

—Las apariencias engañan... Me gusta mucho la intensidad.

Se detuvo frente a mí, tomando el libro para ojearlo.

Sentí una extraña tensión en el aire y en mi cuerpo, no podía evitarlo.Seguramente estaba más que pálida.

—La autora —continuó— entiende muy bien la mente humana... ¿no crees?

Mi respiración se volvió un poco más rápida.

—¿Ah, sí? Bueno, no lo leí del todo... debo ser sincera.

—Sí... yo creo que sí...

Su mirada se volvió más intensa.

—Especialmente la obsesión... y de lo que somos capaces de hacer... por ella. Al final, todos somos prisioneros de nuestros instintos más básicos.

Sentí un escalofrío.

—¿Obsesión? Bueno... eso no siempre es bueno, dicen.

—Los hombres en sus historias aman de una forma peligrosa... Cazan a sus presas como depredadores, y luego tal vez son domesticados a gusto... ¿Qué crees de eso?

No respondí.

Porque sabía exactamente a qué se refería.

Yo había escrito esas palabras.

—Siempre me pregunté cómo sería ella... Debe tener una vida bastante interesante. —continuó.

—¿La autora?..

—Sí.

Sus ojos se movieron lentamente por mi rostro.

—Bueno, tiene un pseudónimo... pero imagino que es alguien que entiende tan bien la pasión… que debe ser muy interesante pasar tiempo con ella... Su compañero debe ser un sujeto malditamente afortunado.

Aparté la mirada, pasé de palidez a rojo fuego. Hablaba de mí... de mí.

Esto se estaba volviendo demasiado incómodo....y me estaba por delatar.

—Tal vez solo tiene imaginación... y punto. La gente que escribe es de lo más aburrida, en general... dicen...

—Creo que sabe generar las sensaciones... correctas. Pero estoy seguro que debe disfrutar provocar en los demás ese deseo, esa necesidad de devorar los capítulos para ver a la protagonista gozar de su sexualidad reprimida. Los lectores le piden eso..y ella lo sabe, juega con esa necesidad...y ambas partes se entregan a eso...voluntariamente.

—Ufff... yo no sabría nada... Es como te digo...tan intenso.

—¿No te entregarías voluntariamente a esa clase de placer? ¿...si pudieras?

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