Mundo ficciónIniciar sesiónPAOLA
El silencio se instaló entre nosotros.Un silencio extraño.
No respondí, no estaba en condiciones de hacerlo, no me esperaba todo aquello.Realmente era un fanático de esas historias y buscaba generar algo en mi que no estaba adispuesta a aceptar.
Intenté pasar a su lado para salir de la biblioteca, una reacción atípica porque creo que no tenía permiso de irme; aun así, lo intenté por los nervios de sentirme sofocada tras el momento.
Pero cuando di un paso…
Lorenzo movió la mano y apoyó el brazo contra la estantería.
Bloqueando el paso, sin dejar de mirarme fijamente, sin sonreír o hacer gesto que lo delatara. El terror me invadió.
—¿A dónde vas?… —dijo confundido.
—A cualquier lugar que no sea aquí...—opte por decir la verdad.
—Esta es mi casa.—replicó con burla.
—Exactamente.—dije queriendo sonar...normal.
Su mirada se volvió más oscura.
—Todavía no entiendes tu situación, ¿verdad?
—La entiendo perfectamente... La dejaste muy en claro ayer.
—¿Sí?
—Estoy aquí porque mi exnovio es un cobarde.
Lorenzo no respondió.
SI AHORA ME REFERÍA A ESA BASURA DE SANTIAGO COMO EXNOVIO, TAL VEZ ME AYUDARÍA A SALIR DE SEMEJANTE LÍO SI LO DEJABA EN CLARO.
—Pero eso no significa que te pertenezcas... ¿No puedo respirar o moverme acaso? ¿puedo rascarme la cabeza?
Sus ojos se clavaron en los míos, molesto y confundido.
—Nunca dije que me pertenecieras...
—Entonces deja de actuar como si fuera así...es molesto.
Se inclinó un poco hacia mí.
Su presencia llenó el espacio entre nosotros, y quise desentenderme de esa cuota de electricidad que creí sentir entre ambos. Y que en el fondo me gustaba.
—Tú tampoco estás actuando como una rehén... Pareces bastante cómoda.
—¿Prefieres que grite? ¿Que intente golpearte?...dime..
—No... no...además, que no habrá otra oportunidad para eso. No permitiré más berrinches.
Su voz bajó de tono.
—Prefiero que seas honesta, nos ahorraremos tiempo.
El calor subió por mi cuello.
—No te debo nada... ya lo dije.No estoy mintiendo.
—Tal vez no....pero habíamos dicho que sí... hasta que tu novio aclare el tema y responda por su deuda...
Su mano se movió lentamente hacia el libro que me había devuelto.
Nuestros dedos se tocaron brevemente, y me sentí... extraña... porque la palabra que tenía en mente no era incómoda.Era más que eso, ¿de verdad estaba cómoda allí?... Era su prisionera....pero...estaba naciendo algo más.
El contacto fue mínimo, pero lo suficiente como para plantearme... cosas.
Un pequeño choque eléctrico, y esas oportunidades que se planteaban ante el contacto con otro. Yo no estaba en una situación normal... como para atravesarlas normalmente.
Lorenzo también lo notó.
Porque sus ojos se oscurecieron.
—Pero estás en mi mundo ahora —dijo en voz baja—. Las reglas aquí... no son del todo claras.
Tragué saliva, intuyendo lo que quería decir. Perverso.
—No por elección... No estoy aquí porque quiero, recuérdalo.
—Las mejores historias nunca empiezan por elección... Eso no significa que no le saques provecho.
Mi corazón golpeaba demasiado fuerte, no sabía cómo cortar la tensión y recordarme a mí misma en dónde realmente estaba.
NO TE PIERDAS EN SUS PALABRAS —ME REPETÍA— NO TE PIERDAS EN SUS JUEGOS.
—Esto no es una de esas historias... no como la de estas páginas—dije elevando el libro para que lo entendiera.
—Tal vez sí... ¿Te gustaría que lo fuera?
Su mano se apoyó suavemente contra la estantería detrás de mí.
Ahora estaba completamente atrapada entre él y la madera.
—¿Sabes qué es lo interesante de tus libros? —continuó tranquilamente.
—No son mis libros... —dije sospechosamente rápido; lo escuché chasquear la lengua y lanzarme su mirada de cazador furtivo. Estaba disfrutando la situación.
—Los leí demasiadas veces....soy un fanático, se podría decir.
Su voz bajó aún más.
—Reconozco la forma en que esa autora describe el deseo.
Mi respiración se volvió irregular.
—No sé de qué hablas....te equivocas. Estás loco, ¿cómo podría ser yo...ella?
Lorenzo inclinó la cabeza ligeramente.
—Sí sabes...
Su rostro estaba demasiado cerca ahora y su sonrisa de sabelotodo me arrinconaba cada vez más.
Podía sentir su respiración, mis propios pensamientos y sentimientos me confundían ¿y si le decía que si ?¿Qué haría? ¿Pedirme un autógrafo?
Mi mente gritaba que debía apartarme....callar..no hablar más. Me incriminaba cada vez que abría la boca.
Pero mi cuerpo…
no se movía.
—Tienes una mirada desafiante... ¿Qué vas a hacer ahora ,Venus Nocturna? ...Piensa, piensa —murmuró.
—¿Eso te molesta?… No creo que nadie viva para desafiarte. —Quise desviar el tema,miré para un costado buscando balance de mí misma. Mirarlo era perder el eje en esos momentos.
—Nop... para nada. ¿Te molesta que no me genere... molestia?
Sus ojos recorrieron mi rostro lentamente.
—Me intriga... Dime en qué piensas. ...es difícil guardarse todo...a veces es mejor dejarlo salir.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
—No debería...
—Probablemente no. Sé que eres más lista de lo que aparentas...sé que en este momento tu cerebro busca una solución. Tienes una mente muy obsesiva.
El silencio volvió a caer entre nosotros.
Un silencio distinto, él quería conocerme.O creía que ya me conocía.
Aparentemente, él me estaba analizando.Era cierto que me habían dicho que ese o era un don o un gran defecto.Ser obsesiva con las cosas de mi vida.
Entonces Lorenzo se apartó de repente, como si rompiera el encanto, como si saliera del trance. Mi cuerpo sintió la pérdida de su mirada, su atención.
—Desayunamos a las nueve —dijo con total normalidad.
Parpadeé.
Confundida por el cambio repentino.
—¿Qué? ¿Desayunar?
—En el comedor...si.
Caminó hacia la puerta.
Pero antes de salir, se detuvo.
Giró la cabeza ligeramente hacia mí.
—Y Paola…
Mi nombre en su voz me hizo estremecer.
—Sí.
Sus ojos brillaron con ese oscuro, que me llamaba al abismo.
—Ten cuidado.
—¿De qué? —dije susurrando...
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—De no despertar mi curiosidad... puedo llegar a ser muy obsesivo con lo que deseo. Y no parar hasta poseerlo completamente.
Luego salió de la habitación.
Dejándome sola.
Con el corazón acelerado, con las ganas de correr tras él, tal vez.
Gritarle... enfrentarlo... porque quería enfrentarlo y ver hasta dónde podíamos llegar, hasta dónde estaba dispuesta a llegar, él y yo.







