El deslizó las manos suavemente por las curvas de su cuerpo, provocando en ella un apetito desconocido hasta entonces. Aquellas caricias la cautivaban y la consumían en un calor abrasador. Se sentía viva.
-Anne- su voz sonó suave como el terciopelo. ¿Te molesta que te agarre así?
Ella se hizo la misma pregunta, pero la respuesta era contradictoria y confusa y no halló palabras para expresarla.
-Sabes que te deseo- le dijo él.
A pesar del placer que le provocaba su declaración, siguió tensa.
-N