La primera vez que Elena Villaseñor transcribió la declaración de Rodrigo, tuvo que detenerse en el párrafo cuatro porque las palabras no cabían en ningún orden que no fuera el criminal. Las releyó. Las reordenó. Volvieron al mismo lugar. Entonces llamó a Valeria desde el pasillo del reclusorio, con el teléfono apretado contra la oreja y la espalda contra la pared fría, y le leyó el fragmento sin preámbulo ni advertencia porque no había manera de preparar a nadie para eso.
Valeria escuchó.
Desp