El registro notarial tiene cuatrocientas páginas y el olor específico de los archivos que nadie ha abierto en años —papel prensado, tinta que se oxida, el polvo particular de las cosas que se archivan porque alguien decidió que no debían circular. Gabriel Serrano lo sabe desde que empezó a investigar a Salvatierra: los documentos más importantes nunca están escondidos. Están archivados. Están exactamente donde deben estar, clasificados con precisión burocrática, esperando que alguien sepa qué e