La sala de la Fiscalía Especializada huele a papel húmedo y a algo más difícil de nombrar — la clase de tensión que se acumula en un cuarto donde las palabras tienen consecuencias legales, donde cada sílaba queda registrada, donde el silencio también es evidencia. Arturo Villanueva lleva cuarenta minutos sentado frente al fiscal Bernal, y en ese tiempo ha dicho muchas cosas: fechas, montos, nombres de funcionarios de tercer rango que sirvieron como pantalla, el nombre de tres cuentas offshore q