Momentos después de una larga charla con Zyad, en ese instante, Damián subió solo hacia la habitación del fondo. Abrió la puerta con brusquedad, sacando su cinturón de cuero con intenciones de descargar toda su furia contra la chica golpeada.
—¡Llegó tu hora, perra! —rugió Damián, tomándola bruscamente del cabello para erguirla en el suelo.
Damián tenía a Mónica inmovilizada contra la cama, con el peso de su cuerpo aplastándola. Le había rasgado la blusa y el sostén con violencia, dejando sus p