Mientras tanto, en el ala de invitados de la planta baja, la actividad era frenética pero absolutamente silenciosa. Mike y un grupo de diez guardias armados escoltaron la entrada de un camión blindado que transportaba el arsenal de costura más exclusivo de Miami.
Thiago bajó del vehículo vistiendo un conjunto de diseñador impecable, con sus gafas oscuras puestas a pesar de estar bajo techo, y una energía desbordante que ni las alarmas de la mafia podían apagar.
Detrás de él, dos de sus asistent