Coni Petrov caminaba a paso apresurado por el pasillo de la mansión, intentando disimular el temblor en sus manos tras haber escuchado la llamada del informante. La tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo. De repente, una sombra imponente emergió de una de las alcobas contiguas. Antes de que pudiera gritar, una mano grande y callosa le tapó la boca con fuerza, arrastrándola hacia el interior de la habitación oscura.
La puerta se cerró de golpe y Coni fue estampada de espaldas contra