Las puertas automáticas del centro de mando se abrieron de golpe con un siseo metálico. Alaric entró con paso firme, buscando a su mano derecha para coordinar el siguiente golpe, pero lo que vio lo hizo detenerse en seco.
Mike estaba tan concentrado tecleando y observando las líneas de datos satelitales que ni siquiera notó la imponente presencia de su jefe detrás de él. En la pantalla principal, en lugar de los mapas térmicos de los almacenes de Damián o los registros de la Bratva, brillaba el