Luka rompió el beso, respirando agitado, y bajó por su cuello con mordiscos lentos y posesivos, chupando con fuerza hasta dejar marcas rojas que la harían recordar a quién pertenecía.
—Du er min, Coni… —gruñó contra su piel en noruego (“Eres mía, Coni”), mientras sus manos grandes rasgaban la parte superior de su ropa, exponiendo sus pechos perfectos.
Coni soltó un gemido ahogado cuando Luka capturó uno de sus pezones con la boca, succionándolo con fuerza bruta mientras pellizcaba el otro con l