En una discreta y blindada oficina de un edificio empresarial en las afueras de Nueva York, Mordecai entró con la seguridad de quien se cree el dueño absoluto del tablero. Pensaba que Damián seguía siendo el mismo loco manipulable de siempre, una pieza útil para sus propios fines dentro de la Bratva.
Sin embargo, al cruzar la puerta, la atmósfera densa y fría lo hizo detenerse instintivamente.
Damián Petrov estaba sentado al fondo, cortando lentamente un filete de carne casi cruda, con una calm