El descenso hacia las profundidades del ala médica fue un trayecto silencioso. Anastasia y Mónica avanzaron por el pasillo de concreto esterilizado, donde el eco de sus pasos se mezclaba con el zumbido de los generadores. Al llegar frente a la habitación de trauma, Anastasia se detuvo y colocó una mano firme sobre el hombro de la menor de los Turner.
—Yo me quedo aquí —le susurró Anastasia, señalando el vidrio polarizado que permitía ver el interior de la sala sin ser descubiertas—. Entra. Mira