Anastasia colgó el teléfono, respirando con una determinación renovada. Justo en ese momento, tres golpes suaves sonaron en la puerta del dormitorio. Al abrir, se encontró con Mónica y Coni. La menor de los Turner traía una bandeja con una taza de té de manzanilla, y el rostro de ambas reflejaba una molestia absoluta hacia la intrusa de la planta baja.
—¿Podemos pasar? —preguntó Mónica, entrando sin esperar respuesta para abrazar a su cuñada—. Menudo circo armó esa infeliz abajo, Anastasia. Vin